• MRA

El mejor cojín de mi vida entera.

Actualizado: 14 ago


Y quedó así: como el mejor cojín de mi vida entera.


Dos encuentros, dos noches. Dos cuerpos ardiendo en calor: pasión desmedida.

Al principio sentí miedo. No sabía como me trataría, el calor de las copas lo pierden a uno.

Mucho cachondeo, mucho placer, pero todo tiene un límite.


La segunda noche: esa si fue memorable. Con sus 5 horas completitas. Cabe señalar que es el hombre más ruco con el que he interactuado en los placeres de la cama. Y en desempeño se lleva de calle a todos los que han pasado por aquí (tampoco crean que han sido muchos, pero si tengo forma de comparar).

Un amante complaciente, porque aún demostrando que él llevaba la batuta: todo el acto se centraba en mí, en admirarme, en probar cada centímetro de mí, en hacerme sentir, en hacerme vibrar no solo con las manos, sino con los labios, con su lengua, su torso y su miembro delicioso: era capaz de comerme con la mirada. Recordar sus ojos brillantes de esmeralda iluminados y extasiados sobre mí, aún me quita el sueño. Sin cansarse de repetir la belleza de mi cuerpo, de mi cara, de mi ser. Tan cohibida yo al no creer que un hombre -al que tengo que confesar que desde adolescente he admirado- se refiera a mí con tan repetidos elogios. Así que no fue solamente un intercambio de calores y sabores: fueron y vinieron palabras, historias, anécdotas y ¡claro está! uno que otro grito de éxtasis, gemidos y palabras altisonantes: porque he de decirles que a mí, ¡hasta en la cama de esas se me salen!


Una noche memorable. Y no hubo más.

Tal vez por el bien de los dos, porque otro encuentro desencadenaría en más que un simple intercambio de energías que se atraen, de cuerpos que se llaman y se buscan entre las multitudes; de historias compartidas, de risas y juegos, de caricias y palabras que dejan huella en lugares peligrosos: ahí donde la línea del encuentro furtivo y el amor es tan delgada e imperceptible que podría ser traspasada con un beso de esos que parecen inofensivos.


Y no sé si es el destino que no nos quiere volver a ver juntos, o si es la suerte que me está guardando una sorpresa para un día especial, o si es el universo que elige por mí con su sabiduría para que esto quede como el mejor cojín de mi vida… y nada más.


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